Sin tregua se repiten una y otra vez en su cabeza; los sueños se reproducen con total fidelidad cada noche, él trata de dormir mientras aquellas imágenes lo persiguen hasta el punto de la locura. Lo traen de vuelta a la realidad cada vez que logra pegar el ojo, incluso esta noche, estrellada como ninguna, despierta atormentado, sudando y con la boca seca, se dirige a la sala, sirve una copa y contempla el cielo desde el balcón mientras aquella sonrisa le abre las puertas, se ve a si mismo años atrás, la siente a su lado, puede incluso sentir su aroma, ella sólo sonrie mientras su recuerdo lo arrastra hasta el borde. Puede verse ahora a lo lejos, enmarcado en rojo en un triste callejón cuando su alma brilla tenuemente en un cielo tan estrellado como el de esta noche.
Tangerine Tales
jueves, 1 de septiembre de 2011
martes, 12 de julio de 2011
Segunda Oportunidad.
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lunes, 30 de mayo de 2011
Feliz Cumpleaños.
Ahora entiendo todo. Si los amigos existen para estar siempre a tu lado, es porque un amigo no es más que tu más cercano enemigo, alguien que sólo espera el momento de estrechar tu mano para halarte hacia él, darte una magistral voltereta y cuando al fin te tiene de espaldas, clavar la daga. Eso sí, cuando te vuelves, estará ahí mirándote mientras te revuelcas de dolor.
Pero basta ya de palabrería, hoy es un día especial, todo está arreglado para tu cumpleaños querido amigo, celebraremos por lo alto, tomaremos fotos, brindaremos mirándonos a los ojos como prometiendo lealtad eterna y tendremos enormes sonrisas en nuestras caras. Tardé un poco en organizar todo, ojalá te guste la decoración del lugar. Eso sí, espero no te moleste que el pastel no tenga ninguna vela, se las quité y me las amarré alrededor del pecho, son más de las que te gustaría contar y muchas más de las que podrías apagar tan sólo soplando.
¡Pero no te detengas! sopla muy fuerte, hazlo por mí, que sinceramente la ansiedad está matándome y ya no puedo esperar más para explotar de alegría.
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miércoles, 16 de marzo de 2011
Reencuentro.
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domingo, 27 de febrero de 2011
A medias.
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viernes, 25 de febrero de 2011
Odiosa despedida.
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domingo, 2 de enero de 2011
A segundos de distancia.
Eso fue hace dos días, no puedo creer que me tarde tanto en llegar aquí, estás preciosa, duermes plácidamente en tu cama junto a él. Parecen felices aunque mis recuerdos me dicen que lo eras más conmigo; hace frío afuera y estoy cansado de verte a través de la ventana, quisiera entrar pero el peso que cargo en el bolsillo de mi pantalón casi no me deja moverme. Esta orden de restricción se quema muy lentamente, espérame, estamos a segundos de distancia de nuestra felicidad eterna.
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viernes, 24 de diciembre de 2010
Limpieza.
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lunes, 6 de diciembre de 2010
Por última vez.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
En colores.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010
Reflejo.
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domingo, 21 de noviembre de 2010
Auto liberación.
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Sin regreso (II).
Tomó la libreta de la mesita de centro para redactar el orden del día, lo hacía cada mañana después de tomar el café; se sentaba a planear como sería todo y así mismo lo apuntaba. Sin embargo, esa mañana fue diferente, no escribió que a las diez y cuarto pasaría por la farmacia ni que a la una y media se sentaría en la cafetería para almorzar. Por el contrario, empezó a escribir sobre cosas que ya habían ocurrido. Escribía como a las seis y veinte, entre sueños la veía correr para llegar temprano a su trabajo y de como ella sonriendo le daba un beso en la frente antes de salir.
Mientras las letras llenaban el papel, él en su cabeza podía ver claramente todas las imágenes, las vivía nuevamente, hasta que la visión se hizo más y más borrosa a medida que la tinta en la libreta se corría por las lágrimas que caían sin detenerse. Cuando las luces se apagaron por completo, alzó la mirada y se vio sentado en medio de una sala vacía, recostado en una de las cuarenta cajas que habían sido llenadas la noche anterior con las cosas de la mujer que ya no volvería.
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miércoles, 3 de noviembre de 2010
Promesa.
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viernes, 29 de octubre de 2010
Sin regreso.
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jueves, 21 de octubre de 2010
Hermandad.
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viernes, 15 de octubre de 2010
Distancia.
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Espiral.
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Sonrisa. (Relato ajeno II)
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miércoles, 29 de septiembre de 2010
Cuarta avenida.
- ¿Por qué tardará tanto? -Se dice a si mismo antes de aspirar el humo por segunda vez-.
Comienza a impacientarse, sin darse cuenta mueve su pierna derecha desesperadamente y al mismo tiempo da de golpecitos a la mesa con el anillo que lleva en su mano izquierda. Los sonidos se confunden y la bulla que genera molesta a los otros clientes, pero él no se detiene.
- Parece ser que hoy tampoco vendrá. -Afirma al apagar su cigarrillo directamente sobre la mesa-.
Se pone de pie entonces, camina hacia la salida y al pasar por el mostrador deja el dinero que debe, mira a los ojos al encargado y sin decir una sola palabra abandona el pequeño café. Todo se repite cada día, la misma escena, el mismo cigarro a medio fumar, la mesa quemada, el guiño complaciente y el hombre que sale sin emitir sonido. Rutina que desaparece esta tarde cuando al dejarse llevar por sus pensamientos no ve la figura que se le para enfrente y dice:
- ¿Has venido todos los días desde que me fui?
Al escuchar la voz, levanta la mirada y con brillo en sus ojos responde:
- Siete años, nueve meses y catorce días esperé para poder decirte lo poco que te extrañé.
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martes, 21 de septiembre de 2010
Arpegio.
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domingo, 19 de septiembre de 2010
Sin escribir.
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Espasmo.
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jueves, 16 de septiembre de 2010
Daltonismo.
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Sabía.
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
Peón.
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martes, 14 de septiembre de 2010
Empalago.
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viernes, 3 de septiembre de 2010
Callejón.
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martes, 31 de agosto de 2010
Adiós.
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Fotografías.
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sábado, 28 de agosto de 2010
Final infeliz.
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Algo de ti que perdí en algún lugar.
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Trago para dos.
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viernes, 27 de agosto de 2010
Cliché.
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Desde adentro.
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martes, 24 de agosto de 2010
Abrazo.
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lunes, 23 de agosto de 2010
Aprietos.
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sábado, 21 de agosto de 2010
Valor.
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miércoles, 18 de agosto de 2010
Terapia.
Hoy es lunes, así que sin duda tendrá puesta la blusa de color morado y los pantalones negros que hacen juego con sus tacones. Seguro lleva el pelo a medio recoger, y los mismos tres libros abrazados. Hoy la miraré con otros ojos. Sé para donde va, con quien hablará y qué le espera en su día. Este día por fin tengo una cita con ella. La veré en su consultorio quince minutos pasadas las cuatro de la tarde, me sentaré en su diván y hablaré de mí en la sesión de terapia para curar mis obsesiones.
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viernes, 13 de agosto de 2010
Inconsciente.
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sábado, 7 de agosto de 2010
En el '45
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miércoles, 4 de agosto de 2010
Total calma.
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viernes, 30 de julio de 2010
De raíz.
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Camino.
Después de tomar aire y maldecir su cobardía, el auto proclamado torpe continuó por su ruta, buscando quién sabe qué en dios sabe dónde. Caminaría por muchos días y noches, sin detenerse, pero eso sí, siempre atropellado, perdido en su hueco mundo. Ahora ya llevaba una larga barba, su pelo también había crecido y así su tristeza. No le importaba su apariencia, él estaba decidido a llegar a algún lugar, al lugar de sus sueños. Un día, mientras cruzaba una calle, algo lo detuvo, de nuevo una imagen celestial que lo llevó al pasado, que le removió su ya diminuto corazón, era ella, la mujer que había visto largo tiempo atrás, seguía de la mano con aquel sujeto, era un cuadro similar al de la primera vez, aunque, algo cambió, ella sintió que la miraban desde lejos, buscó con sus ojos quién era el de la fuerte y fija mirada, y se encontró con algo que no esperaba, un hombre que se veía insignificante a primera vista, pero que al mirarlo a los ojos, tenía la determinación de un ejército. Ella también quedó fascinada con él, soltó la mano del sujeto que la acompañaba y vino para evitar que el hombre que la observaba cayera de fatiga, le sirvió de muletas, lo ayudó a ponerse de pie nuevamente, y caminó con él.
Ninguno de los dos llegó a pensar que alguien más pudiera hacerlos tan felices, de verdad lo eran, sentían que vivían en el mismísimo cielo, eran uno solo, se amaron con locura y pasión, compartieron su vida. Ella, hermosa como nadie, armó un corazón con fuerte hilo y la más linda tela, lo rellenó con toda la luz que podía dar y se lo regaló; él, que no sabía ser feliz, no pudo mostrar la felicidad que sentía al tenerla cerca, sólo prometió amarla por el resto de su vida, sin importar nada más.
Pero, nada dura para siempre, y esta ley universal los tomó por sorpresa, cuando el camino se hizo pedregoso, y fue más difícil continuar, soltaron sus manos, ella ya no veía en su amado la luz que le había regalado, y él no quería arrastrar al amor de su vida al lugar de pesadilla al que llegaría. Ella entonces se sentó junto al estrecho pasaje para que él siguiera en solitario. Cuando hubo caminado por más días y noches de las que hubiera querido contar, el hombre no soportó más, abrió su pecho y sacó el corazón de fuerte hilo y la más linda tela; lo encontró roído, y la luz que tenía dentro, se perdía rápidamente, se ponía negra. Estando hastiado de vivir medio muerto y al no soportar más la idea de no tener cerca a su amor, el muy torpe dio media vuelta y corrió desesperado a buscarla. Pero, como buen torpe que era, tenía muy buena suerte, y ella seguía allí, esperando entender, tal vez aun esperando por él. Cuando logró pasar por el rocoso camino, el hombre dio un brinco y cayó justo enfrente de la mujer, la miró a los ojos, tomó sus manos, y le recordó la promesa que le había hecho mientras ella le ponía el corazón que le hizo con tanta luz. La más maravillosa sonrisa se dibujó en el rostro de la mujer, sentía de nuevo alegría pura, y él bajo su barba, sonreía por primera vez frente a ella, que a pesar de todo lo que pasó, seguía tan preciosa como siempre, tanto, que ningún escritor, por más palabras que utilice, podría tan siquiera describir un ápice de su belleza.
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Gajes del oficio.
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Drama.
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Loop.
Ya el algodón del cielo empieza a verse gris, el sol si apenas alcanza notarse, como entre lineas, su luz llega y toca este lugar, así debe verse cuando dios habla personalmente contigo, al menos, esa es la imagen que tengo de él. Hmph! ahora hablo de dios como si fuéramos viejos conocidos; realmente después de lanzarme al mundo, lo único que oí de su paradero, es que estaba en todos lados, pero nunca logré verlo, menudo padre el que me tocó.
Ahora estará feliz, este es mi último cigarrillo, aun sigo aquí viendo las nubes que se tornan negras al pasar sobre mi, ya casi no queda luz, ojalá estas gotas que caen no apaguen mi tabaco, fumar es lo poco que me queda por hacer. Ahora que lo pienso, alguien debió decirme antes que no era buena idea pasar por ese túnel, lo hice sin dudar, bueno, ya no importa, ahora todo el tiempo es lo mismo; lo aburrido que se hace cómodo; las nubes traen la lluvia; y mi último cigarrillo termina por apagarse justo antes de que en el paraíso todo comience de nuevo.
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Voces.
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Confesión.
Tan pronto hubo terminado de cantar, me acerqué como pude, me paré frente a ella y tartajeando le pedí que se casara conmigo, que sabía que no encontraría jamás una mujer como ella, sentía que estábamos destinados a amarnos por siempre. Ella me miró de pies a cabeza, y de pronto, su cara se iluminó, se le dibujó una sonrisa, y me dijo que me esperaba en su cuarto de hotel esa misma noche más tarde.
Me sentía ansioso, quería que el reloj moviera sus manecillas más rápido, me quedé en el bar y seguí bebiendo, ya no podía controlar el temblor en mi cuerpo, sólo necesitaba verla de nuevo. Al fin las horas pasaron, fui al baño, me lavé la cara a duras penas, y salí corriendo a su cuarto, hice lo posible para permanecer derecho y no caerme, llamé a la puerta y para mi sorpresa se abrió sola, escuché su voz que me invitaba a pasar, tomé aire, di dos pasos dentro del lugar, y la vi, con su larga cabellera en la mano derecha, sólo vestía una falda, ni sujetador llevaba, no lo necesitaba. Se imaginará entonces mi cara al ver semejante fenómeno frente a mí, era un espanto ver a mi futura esposa hecha todo un hombre!.
Y por eso hoy pedí que lo llamaran, para contarle a alguien lo que pasó la noche en la que me encerraron aquí, esa noche padre, fue mi sentencia de muerte, por haber pintado las paredes de color rojo.
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A quien le calce.
A pesar de la muchedumbre que lo seguía a todos lados, el príncipe seguía su recorrido por el pueblo, empecinado en encontrar a la mujer de su vida, aquella que lo hizo soñar con hijos futuros, y con al fin, tomar las riendas del reino. Era un cuadro extraño, el joven de verdad nunca pensó en seguir los consejos de su padre, no se preparaba para ser rey, él quería ser un vago de profesión; se dormía en las clases de historia; jugaba con los pequeños soldados y los cañones de madera del cuarto de estrategias; solo le importaba no envejecer sentado en el frio trono, si alguna vez llegaba a posarse allí, era para burlarse del tono mandón del viejo, no estaba dispuesto a repetir la historia.
Ahora se creía loco, no podía entender como una mujer lo llevaba a tan siquiera imaginar su vida emulando una que tanto repudiaba. Cada paso que daba, lo llevaba más cerca del pie que decidiría su camino, sentía que si la encontraba, viviría feliz para siempre, pero también sentía miedo de tan odiosa condena.
Sólo quedaba una casa por revisar, ya la zapatilla había perdido brillo, estaba pegajosa, el príncipe había perdido la cuenta de los pies que la habían tocado durante el día. La noche llegaba y todo el pueblo se impacientaba, querían ya conocer a la futura reina, era seguramente una mujer hermosa. Su majestad toca el aldabón, y tarda más en soltarlo, que la puerta en abrirse, lo saludan tres mujeres bastante desagradables, a lo que el príncipe traga saliva y mira al suelo, se pone de rodillas y empieza a probar la zapatilla en cada una de ellas, ninguna es la indicada.
El joven, creyéndose ya libre, da media vuelta, cuando de las sombras se oye una voz que le suena familiar, alguien desde dentro de la casa le dice que aun no se ha probado la zapatilla, él voltea con una media sonrisa en su rostro, se adentra en la sombría casa, de nuevo se pone de rodillas y prueba la zapatilla. Como por arte de magia, calza perfectamente en los pies de la señorita, que no esconde su felicidad y comienza a saltar y bailar por todo el lugar. El príncipe se queda congelado, no puede creer que la haya encontrado, y mucho menos puede creer que la mujer que ha estado buscando todo el día sea tan espantosa. Logra verle la cara a la luz de la luna mientras revolotea. Su majestad está asqueado, sólo le queda escapar de ahí tan pronto como sea posible, no se casará, no tendrá hijos, nació para ser vago y desde ese día jura no volver a beber ni una gota del licor que ofrecen en palacio.
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Abandono.
Ella siempre hermosa, estática, con su mirada fija en él, estaba ahí para complacerlo, no podía hacer más, el tiempo apenas si le dejaba huella.
Pero su amor, aunque pasó por mil pruebas de fuego, no fue duradero; los acompañó hasta el día en el que él cumplió 20 años. Ese día, mientras caminaba hacia el tarro de basura, pensaba en que ahora era todo un adulto, al fin le daba la razón a su mamá, estaba ya muy viejo para tener un afiche de una modelo semi desnuda colgado en una de las paredes de su cuarto.
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Tos escarlata.
Ella, parada en el portón de la casa, tenía un vestido corto que invitaba a la lujuria, pelo negro que se movía en ondas por su espalda, mirada perdida en sus uñas largas y rojas que contaban el dinero que el hombre frente a ella acababa de darle. Mientras aquel sujeto terminaba de acomodar sus pantalones, el hombrecito contemplaba la escena a la distancia, creyó morir de tristeza, sintió un golpe directo en su pecho, no pronunció palabra alguna, dió media vuelta como pudo, nunca lo vió venir.
Ante sus ojos pasaron mil imágenes, cada una más dolorosa que la anterior, en todas aparecía ella; las vueltas por el parque, las comidas juntos, la alegría de verla cada mañana, el calor de sus abrazos...
El hombrecito entonces, no pudo parar de toser, la sangre recorría sus manos, él trataba de detenerla pero era más de lo que podía controlar, escupía su corazón a pedazos mientras balbuceaba:
- Venía a decirte que no tienes que buscar un trabajo, hoy me gané la lotería, mamá...
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Alas rotas.
Nadie sabía de mi admiración por aquel azul, así que a nadie le contaba acerca de mis lecturas sobre él en la biblioteca. Me consumía totalmente el entender por qué no podía alcanzarlo; se me iba la vida buscando una solución, una forma de llegar a él, de tenerlo a mi alrededor. De ahí que el día en el que ese ángel vino por mí para llevarme a lo que él llamaba 'el otro lado', encontré la solución a mi problema; tomé su cuello con ambas manos hasta que un chasquido me indicó que no pelearía más, arranqué sus alas con mis manos y las enterré en mi espalda.
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Despertar.
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Di que sí
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Materia prima.
Pero como siempre pasa, un día llegó trayendo la verdad; el niño caminaba por la calle y de pronto pasa un camión, corriendo, casi que volando. El pequeño no alcanza a sentir que tal monstruo ya estaba encima suyo. Niño de ojos cuadrados sale disparado cual proyectil, se estrella contra un poste de luz y cae, al levantarse se da cuenta que le falta su brazo izquierdo, mira alrededor y lo ve a sus pies, lo recoge e inmediatamente recuerda sus juegos en la caja de arena del colegio, cuando creaba castillos. Como por instinto lleva su brazo hacia su hombro y lo encaja perfectamente. Finalmente entiende lo que pasa cuando a dios se le acaban la carne y los huesos para crear, y usa fichas de lego.
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Caso familiar.
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jueves, 29 de julio de 2010
Opacidad. (Relato Ajeno)
“…tan sólo un poquito más muerta…”.
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Cielo color madera.
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Intimidad.
Él se sentaba frente a su pantalla todos los días, ella era su más fiel compañera, la conocía, la cuidaba, limpiaba sus rincones. Pero esa unión, nada nada tenía que ver con el amor; ni la obsesión de la pantalla hacia el joven, ni la desaforada locura con la que él venía cada día a acariciarla; lo que los unía era la necesidad de ambos de jamás quedarse solos.
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Ritual de despedida.
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Inspiración.
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Sueños.
Ambos amaban, y creyeron amarse con todas las fuerzas que tenían, pero jamás fue suficiente, nunca pudieron sentir de nuevo la felicidad que vieron cuando eran niños y apenas si caminaban, aquella felicidad que reflejaron en el otro y que los abandonó el día que el miedo llegó.
El hombre a blanco y negro despierta y la princesa encerrada en el castillo lo hace también. Despiertan en su realidad; él en su celda y ella en su castillo, todo lo que vieron no fue más que un sueño de libertad, nada fue real, excepto tal vez, el arcoiris en la ventana del hombre y la llave del castillo en la mesita de noche de la princesa.
Él nunca quiso un cuento de hadas y ella siempre amó los colores...
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Gritos.
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Viento entredientes.
Es tarde ya, ciento cincuenta años han pasado pero ni un solo día en el que no la recuerde, la mujer que decidió dejar sólo por no ser lo suficientemente valiente como para verla morir, ahora que es él quien espera sentado mientras llega su final, contempla el techo irregular del cuarto en el que duerme desde hace décadas, cubierto de telarañas y mugre, tal y como su corazón, sin deseos de limpiar los pecados; anciano expectante, desesperado, pero que jamás dejó de amar su vida como humano al lado de la mujer de sus pesadillas, quien lo acompañó hasta el preciso momento en el que el lápiz cayó de su mano y sus ojos se cerraron para no ver aquel techo ni silbar esa tonada nunca más.
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Estado de amor y confianza.
El tiempo pasa y los segundos son cañonazos, los minutos cuchilladas y las horas son la morbosa muerte, los días son tus engaños y los meses son tu gente; llegaste, y con dulces palabras trataste de hacerme creer que podías cambiar, que la vida contigo podría ser diferente, traté de verlo contigo y logré echarle un ojo a un futuro mejor para ambos; pero como un dios castigador que se infla en su ego y propia ambición al ver sufrir a sus fieles, tú me quitas de nuevo la esperanza y me muestras tus tonos más oscuros.
De nuevo no hay más allá, de nuevo quisiera tan solo, poder dejarte ir y que al fin, me dejes tu a mi.
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